martes, 5 de enero de 2010

El año que llegó genera incertidumbre

Poco optimismo existe en el sector de las telecomunicaciones, la electrónica de consumo y la industria del software. El año que acaba de comenzar acumulará una serie de dudas y posiciones pesimistas de estos sectores productivos.

De poco o nada servirá que Movistar, Digitel y Movilnet mantengan su competencia incesante por conquistar los corazones de millones de venezolanos que accederán a internet a través de las redes 3G, que tendrán en 2010 su año de madurez y despliegue total.

Y es que la incertidumbre será tan grande, que algunos expertos temen una contracción más grande de las ventas. Estiman que el Gobierno, podría devaluar el Bolívar y ampliará los filtros para la obtención de divisas. Otros, creen que por ser 2010 un año electoral, el Ejecutivo podría prorrogar lo que ya parece inevitable.

La consecuencia de esto, podría ser el mismo caldo de cultivo que estimuló las corruptelas y el enriquecimiento de algunos banqueros que hoy día son juzgados o esperan serlo en los tribunales de la república. Detrás del eterno flagelo de la corrupción estará el usuario final que seguirá viendo como la inflación acorta la capacidad de compra de su cartera. Una reducción que sin dudas golpeará al sector tecnológico.

Pero más allá del pesimismo, que surge luego del libertinaje cambiario que el propio Gobierno propició, el país deberá discutir el tema de la industria nacional. Discusión que deberá darse sin el cliché político que parece envolver todos los grandes temas nacionales. El Gobierno, deberá por una parte convencer que el libre acceso al conocimiento, no merma los derechos de autor, la propiedad intelectual, requisitos indispensables para motivar la innovación.

También deberá sincerarse y definir estímulos para la industria, los cuales no deben ser vistos, en función de sus intereses individuales como Estado o Partido Político. El Gobierno, que en nuestro país concentra todo el poder del mercado, deberá tener en 2010 el compromiso de encaminar la economía y sanearla, luego de un par de años de evidente deterioro.

La duda razonable está en el grado de interés que el Ejecutivo tenga de propiciar mejoras y cambios radicales a sus políticas en un año donde su principal objetivo será movilizar todo el aparato del Estado en función de las elecciones parlamentarias.

Por ejemplo, ¿será prioridad de Conatel, iniciar nuevas subastas de espectro, estimular las inversiones o sancionar y generar más barreras a la televisión por suscripción? ¿Qué pasará con la televisión digital y bajo qué condiciones se renovará u otorgarán licencias de uso para la nueva televisión?

Los temas son diversos y las disparidades entre el discurso, los hechos y las demandas del país fueron palpables en 2009 y parecieran serlo en 2010. Ojalá el año que termina traiga consigo una sana reflexión sobre los errores cometidos y traiga instituciones del Estado ganadas a escuchar y entender que la mejor y más beneficiosa decisión es la que se toma escuchando y en consenso. No imponiendo verdades absolutas, que por cierto, no existen.

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