martes, 18 de mayo de 2010

Ir a clases ¿para qué?


Hace diez días el Ministerio de Educación presentó su memoria y cuenta. Detalló cifras que fueron analizadas por el profesor Luis Bravo Jáuregui, profesor de la Universidad Central de Venezuela, y coordinador de la línea de investigación Memoria Educativa Venezolana.

El investigador hace unos señalamientos alarmantes. Expone que en los últimos 11 años el número total de inscritos en el primer grado de educación básica (niños de 6 a 7 años) pasó de 657 mil 448 menores en 1998 a 593 mil 781 en 2009.

En su análisis desvela que un total de 2.236.928 niños menores de 8 años de edad (43% de la población de esa edad) están excluidos del sistema educativo. En Venezuela hay 5.251.837 niños en esas edades, pero de ellos sólo 1.535.359 está inscrito en la educación inicial (que va de 0 a 5 años) y 1.479.550 en la primera etapa de la primaria, que comprende primero, segundo y tercer grado.

Las misiones Robinson y Ribas, otrora incluyentes de los jóvenes- según el Gobierno-, también bajaron dramáticamente su poder de convocatoria. Hasta 2006, las misiones lograron incluir a 4 millones 132 mil 556 alumnos. Luego de ese año, la cuenta se vino abajo comentó el investigador. En sólo tres años, la cifra disminuyó en casi 80%, hasta ubicarse en 827.510 alumnos.

Bravo explica, que la falta de continuidad, incluso de interés del Gobierno han sido factores claves para la caída alarmante de la convocatoria escolar. A estos factores se deben sumar otros no menos importantes. Uno de ellos, la escasez de espacios educativos, el poco mantenimiento que reciben las pocas escuelas activas; otro elemento, quizás crucial y altamente preocupante es el desinterés del núcleo familiar por llevar al menor al aula.

Muchos padres, prefieren que sus hijos generen ingresos, despreciando así, la única oportunidad que tiene de salir de la pobreza: la educación.

Un punto que llamó la atención ha sido la poca importancia que los medios de comunicación públicos y privados dieron a un problema tan grave para el futuro del país. No sólo debemos pensar que la deserción escolar es un flagelo que destruye el futuro de la nación; debió considerarse también que en 11 años, la población del país creció, es decir, ¿Se calculó cuántos niños deberían ser estudiantes, sentados en los pupitres de los planteles hoy día?

El problema, trasciende al tema político e ideológico. Si bien preocupa que las autoridades educativas evidencien un rotundo interés de hacer del aula otro frente de confrontación política, la sociedad debe salirle al paso a esas pequeñeces coyunturales y plantearse con criterio formador, una salida a un problema de base, que repito traerá consecuencias en el corto y mediano plazo.

Pudiésemos ocupar este espacio en atacar al Gobierno por su ineficacia y tergiversación de su responsabilidad como conductor de las políticas educativas, pero sería darle la vuelta a un círculo vicioso que en nada contribuye con la solución de un problema mucho más grave que la instalación de un sistema comunista, un capitalismo de estado o un liberalismo económico a ultranza.

Alejarnos de la propaganda política es crucial y hacerle entender al Gobierno que mientras más promoción haga de lo poco que hace, menos está contribuyendo con la solución definitiva de un problema que, repito, destruye las bases de la sociedad.

Existen las tecnologías, el criterio y el talento para darle solución al problema de la deserción escolar; consolidar las voluntades, apartarse de la arrogancia y trascender a la pequeñez del discurso político pueden ser los primeros pasos para curar a nuestra sociedad de una enfermedad que amenaza con destruirla.

Tomar en cuenta

Ir al plantel escolar debe generar entusiasmo en el niño, en los padres. Debe ser un factor de orgullo para todo menor y toda familia; la formación debe ser un acto participación, de praxis y atención. Cuando el menor no recibe el estimulo en su hogar y va a un plantel sucio, deteriorado con docentes desmotivados, pendientes de una reivindicación salarial, poco deseos tendrá de ir a clases. El problema, es de todos y todos tenemos que hacerle frente

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