domingo, 26 de junio de 2011

El software móvil ¿a qué nos enfrentamos?


Heberto Alvarado

Desde hace más de dos años la industria global de telecomunicaciones se ha ido adecuando a los escenarios de la comunicación. Del viejo modelo de negocios dedicado enteramente a la voz, el sector fue migrando a otro sustentado en el consumo de datos, y, para ser más específico de aplicaciones.
El negocio de las aplicaciones es ciertamente distinto. En nada se parece a los ya viejos servicios de descargas de tonos, salva pantallas, que si bien fue una lucrativa alternativa para algunas empresas, se convirtió en un sistema perverso donde el operador ganaba más dinero que los creadores de estos productos.
La llegada de Android y el posicionamiento de los Smartphone como celulares dominantes, fueron factores claves que aceleraron este nuevo modelo de negocios, donde los creadores de contenidos parecieran tener buena parte del mango del sartén.
Esto ocurrió por una competencia feroz que se inició entre los fabricantes de software y de hardware por posicionar sus propuestas y aniquilar a sus rivales.  El efecto iPhone, que revolucionó la industria móvil fue clave. El Smartphone de Apple, venía con una soberbia oferta de contenidos que dejó pequeños los esfuerzos de gigantes como Nokia.
El iPhone, el iStore, el iTunes, aceleraron a Google en sus planes de incursionar en el mercado móvil que comenzaba a ser más atractivo por la oferta de aplicaciones o widgets incluidos en el celular que por la resolución de la cámara, el almacenamiento o el tamaño de la pantalla del equipo.
Google, incorporó en su Android buena parte de su oferta, pensada para ambientes no móviles, pero ciertamente amplia capaz de seducir a muchos fabricantes de equipos en caída libre, incapaces de hacerse competitivos ante el iPhone.
Fue así, como la plataforma de Google comenzó a impulsar a Motorola, Sony Ericsson, LG, Huawei, y catapultar a Samsung a niveles insospechados de dominio del mercado. Todo este crecimiento en un escenario muy ambiguo.
La explosión, se dio sin reglas de juego claras. La urgente necesidad de tener miles de aplicaciones, muchas de ellas innecesarias o repetitivas, estuvo por encima de crear un ecosistema entendible y efectivo. Sin un modelo de negocio lo suficientemente claro, donde el creador de la aplicación sintiera la rentabilidad económica de su producto, Google y sus socios entraron en un carrera sin meta fija y sin ruta definida que sigue beneficiando a Apple y que podrían capitalizar otros gigantes como Nokia y Microsoft. 

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