domingo, 3 de julio de 2011

El chavismo está enfermo


La enfermedad del Presidente Hugo Chávez, sin dudas, se transformó en el evento más importante de la reciente historia  venezolana. Las implicaciones políticas y económicas que tiene este lamentable suceso serán diversas. Eso sí, el rumbo que tomen los acontecimientos están atados irreversiblemente a la evolución del Primer Mandatario.
Ahora bien, estos primeros días posteriores al anuncio hecho por el propio Presidente están demostrando que el chavismo, entendiéndose como el movimiento político e ideológico que defiende y exalta la figura de Chávez, está enfermo. Su cáncer está muy avanzado y tiende a propagarse.
“Unidad” fueron las primeras palabras del Vicepresidente de la República Elías Jaua, acompañado por varios ministros del gabinete, minutos después del discurso del Primer Mandatario. ¿No estaban unidos?  Un símbolo evidente de debilidad que generó inquietud cuando no se apreció  a ningún representante del Alto Mando Militar.
El chavismo sin Chávez, es una falacia. En 12 años la figura de la revolución y de la izquierda venezolana se centró en el Presidente. No hubo interés de levantar un liderazgo más allá de la figura del mandatario. Ahora se demuestra que la fortaleza del Partido de Gobierno no está en sus ideas, que ciertamente son difusas y extemporáneas, estaba en la conexión que hábilmente se creó entre el pueblo dependiente y el “Padre-Presidente” salvador de todos los males.
La realidad del Presidente Chávez es oscura. Ve el mes de diciembre de 2012, fecha de las elecciones, más lejos que cualquier otro venezolano. Quizás en su mente ahora prive el deseo de recuperar la salud. Sería lo más lógico.
En estos meses el Chavismo, se esforzará por exaltar la figura del Presidente. Hará el sincretismo tácito que ha caracterizado al movimiento. Colocarán a su líder al lado de Bolívar y Jesucristo y esperarán que el pueblo lo coloque en ese altar. Si se recupera, el pueblo chavista le otorgará un grado de divinidad a su líder-mesías.
Si no llegase a recuperarse, existirá un símbolo religioso que cualquier representante del Chavismo, sobre todo el que mejor imagen tenga en las Fuerzas Armadas (un militar como Diosdado Cabello) enarbolará las banderas del culto para mantener el estatus quo establecido.
La oposición política, no deberá cometer el error de sentirse ganadora. Desmantelar la unidad y exhibir aún más sus intereses de poder, sería otra puñalada al deseo de la mitad del país que desea mejoras efectivas y un futuro mucho más claro para las próximas generaciones.
En definitiva, el país, seguirá con o sin Hugo Chávez. La pregunta que debemos hacernos es qué clase de nación queremos construir.

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