lunes, 18 de julio de 2011

El país del por qué no

Editorial Hormiga Analítica n°104


Que el ministro del Interior y Justicia de un país, diga a vox populi, en pleno dominio de su ignorancia "los presos entregaron sus armas", luego de varias semanas de una toma plena de la ahora tristemente célebre prisión El Rodeo, sería motivo de peso para poner en jaque todo el sistema de seguridad pública de cualquier gobierno del mundo. Sin embargo, en Venezuela, eso sencillamente no pasa.
Que violen a 6 mujeres y a una niña en un bus, que desfiguren a tiros a una persona o que el PRAN "Oriente" se haya fugado con más de 500 mil dólares y que su colega el Yoifre reconozca haber matado "mucha gente en la cárcel", resquebrajaría la estructura social de una nación que entraría en una profunda revisión de sus valores. Sin embargo en Venezuela, eso sencillamente no pasa.
Que el Presidente de la República, haya achacado al capitalismo todos los males del país, sin poder siquiera ocultar un poco la excesiva riqueza de sus familiares y seguidores podría ser motivo de suficiente conmoción institucional. Pero esto, en Venezuela no pasa.
¿Por qué  pasa? ¿y Por qué no? nos podrían responder muchos venezolanos que no se asombran ni un poco del actual estado de descomposición social.  Como sociedad nos hemos acostumbrado, desde pequeños, a crecer con la corrupción, muchas veces justificándola, otra veces, admirando al corrupto y en el peor de los casos apostando "a que nos pongan donde hay".
Nadie se asombra. Ni los medios, ni los políticos. Se busca más bien una oportunidad, en medio de este desastre social, para lograr ese puesto, el trono tácito del poder. Lo peor es que este drama se justifica y nadie se asombra.
Recuerdo cuando un colega argentino visitó Venezuela para averiguar detalles del entorno político, en pleno escándalo del maletín con 800 mil dólares. El asombro del periodista fue general cuando encuestó a la gente en la calle. "Todos saben que el dinero es del Gobierno y no pasa nada" ¿Y por qué no pasa? Sencillamente porque no.
La moral, sencillamente, se fue de viaje.

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