Mostrando entradas con la etiqueta ley sopa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ley sopa. Mostrar todas las entradas

¿Quién defiende el interés colectivo en Internet?


La política recula. Ser un congresista republicano, y encaminar una batalla contra Google, Facebook y Twitter fue una carga muy pesada para Lamar Smirth,  promotor de la controversial Ley Sopa que por cierto, y por los hechos ocurridos esta semana parece por lo menos innecesaria.
Los republicanos, ansiosos por recuperar el poder cometieron un error enorme en procura de conquistar a las mayorías estadounidenses, muy conectadas con las redes sociales.  Había entonces que recular, y dejar engavetada a la ley que si bien podía tener sentido, generaba más problemas que soluciones.
¿Era y es necesaria una ley de este tipo?  Si tomamos en cuenta lo ocurrido al líder de MegaUpload, Kim Schmitz podríamos responder que no. La ley tiene sus propias reglas que perfectamente pueden actuar en contra de  personas que cometan delitos, como el plagio y el robo a la propiedad intelectual de otro.
Sin embargo, los vericuetos de la ley  Stop Online Piracy Acts, tardarán en dilucidarse.  Obviamente el guiso que aderezaba esta SOPA pretendía cercenar de un solo tajo la dinámica de internet, que más temprano que tarde obligará a grandes industrias, que fundamentan sus ingresos en las patentes y propiedad intelectual, en variar sus estrategias para obtener ingresos.
El cambio llegó y ahora lo que quedan son adecuaciones de los grandes centros de poder, que controla los tiempos de internet.  Fue especialmente preocupante, y no me cabe la menor duda de esto, que tres empresas de internet, amenazaran con autocensurarse. Saben en Google, Facebook y Twitter que esta acciones limitarían las fuentes de información de los consumidores.  Mejor dicho, de miles de millones de consumidores.
Me genera especial preocupación porque estamos siendo extremadamente dependientes de servicios en línea que persiguen un interés netamente comercial, que actúan sin reparos atendiendo sus propias agendas.
Critico nuevamente  la estrategia de la industria cinematográfica y farmacéutica. Pero no puedo dejar de hacer mención a una táctica que es igualmente  castrante del derecho colectivo al libre flujo de información en la red.
 Por eso urge que se tomen medidas, sabias medidas, la protección del interés ciudadano debe estar por encima de los intereses económicos de algunos y las tácticas electorales o políticas de otros.
Es conveniente entonces una revisión de los modelos de negocios imperantes en la red y sobre todo un compromiso que puede incluso estar atado a Naciones Unidas y otros organismos supranacionales, que velen por el respeto a los intereses colectivos.  

Ley Sopa: El precio de la libertad en Internet


La Ley que limita la transmisión de contenidos en internet ¿Quién se beneficia?
              
Heberto Alvarado
@heberto74
La ley SOPA (Stop Online Privacy Acts) elevó a la enésima potencia la lucha de intereses alrededor del lucrativo negocio que comienza a ser la transmisión de contenidos a través de internet. El conflicto que hasta ahora se solapó por una inusual diplomacia, ¿Quién recuerda el llamado G8 de internet? donde se reunieron jefes de estado reunidos con figuras como Larry Page, CEO de Google, o el joven Mark Zuckerberg, CEO de Facebook.
Las negociaciones giraban alrededor de los derechos y deberes que debe haber en internet. Cómo llegar al equilibrio entre la necesidad de democratizar más el acceso y la comunicación on line y el necesario respeto al derecho de autor y la propiedad intelectual,  fue el tema más discutido y tratado en los últimos años.
Detrás de la Ley Sopa hay enormes intereses. El primero el de las gran industria audiovisual, farmacéutica entre otras, que quieren garantizar el sostenimiento de los modelos de negocio que la han hecho multimillonarias. Estiman, por ejemplo, que impedir la retransmisión de películas por páginas de descargas sería una solución a la piratería y garantizaría ventas de  cd, dvd, blu ray o simplemente entradas a las salas de cine.
¿Evitaría una ley el acceso a estos servicios?  Sí podría, pero sin dudas multiplicaría la acción delictiva. Bloquear sitios en Estados Unidos no exime a los delincuentes de colocar su información en otros países y menos a los consumidores del acceso a ellos. Simplemente sería inútil.
En el fondo, no podemos dejar de considerar que la Ley Sopa, pretende bloquear a las grandes compañías de internet, que sustentan su negocio de la publicidad que se genera a partir de las necesidades de los consumidores y que se colocan libremente sin ninguna autorización de parte de los usuarios de la red.
Buena parte de estos contenidos podrían quedar bloqueados por la Ley Sopa y por tanto afectaría el negocio que hace fuerte a Google y más recientemente a Facebook. ¿Cómo se beneficia las redes sociales de contenidos plagiados? Simplemente por la interacción, las veces que se replica un me gusta, se comparte un contenido. Avivar la participación de la personas, impulsa el negocio de la publicidad específica, individualizada, mucho más efectiva que la tradicional.
Adaptación

La gran industria cinematográfica, una de las principales promotoras  de la ley Sopa debe entender que el momento del cambio llegó. Los cinéfilos seguirán yendo a las salas de cine, así como los amantes de comprar películas piratas seguirán demandando ofertas baratas y de mala calidad.
Hace más de diez años Apple esbozó lo que ahora comienza a ser una sacudida enorme. Cuando se lanzó el iTunes se exhibió un modelo de negocio nuevo, donde el cliente tiene el derecho de comprar los contenidos que quiera, con las calidad que desee. 
Al final, los impulsores de la prohibición buscan mantenerse cómodos con un modelo de negocios que les ha traído beneficios; si bien saben que el cambio es inminente quieren ganar tiempo para adaptarse sin perder dinero.
Por su parte, que Google, Twitter o incluso Wikipedia hayan amenazado con bloquearse.  Demuestran que cuando sus intereses se ven afectados, atentan incluso contra esas mismas libertadas que profesan.   Internet es libre, pero la libertad tiene su precio