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Campus Party de México asistió a la presentación de una diadema inteligente



La empresaria australiana-vietnamita Tan Le exhibió en la Campus Party de México una diadema inteligente que lee las ondas cerebrales y permite manipular máquinas u objetos de manera virtual.
El invento de la joven emprendedora "captura las señales cerebrales y hace que las maquinas entiendan al ser humano", explicó.
"Se trata de un nuevo campo de interacción entre los seres humanos y las computadoras, que responden a nuestras expresiones faciales y emociones", dijo Tan Le.
La protagonista del evento del día en la Campus Party indicó que la mayor parte del cerebro funcional se encuentra distribuido en la parte externa del cerebro y que la corteza de cada individuo está plegada de forma diferente a la manera de las huellas digitales.
El descubrimiento de Tan Le y la empresa que cofundó, Emotiv, consistió en la creación de un algoritmo capaz de localizar las distintas señales de cada individuo y darles una respuesta general válida para la población en general.
La empresaria ofreció varias demostraciones del funcionamiento de su invento ante una multitud de personas.
Un voluntario subió al escenario para, con su mente y una vez se puso la diadema, mover y hacer desaparecer un holograma cúbico presente en el software del invento.
En un vídeo se mostraron otros ejemplos del potencial de este invento, como un vehículo que es conducido por el pensamiento o una silla eléctrica que es movida por movimientos faciales.
Según comentó su inventora, la diadema también podría ayudar a enfermos de epilepsia a "monitorizar el funcionamiento de su cerebro y así poder predecir cuándo van a sufrir un ataque".
Tan Le comentó que el diseño de su invento "fue un gran reto" que "partió de cero", y que ahora el gran desafío lo representa el mercado.
"Quisiera invitar a todos los desarrolladores y personas interesadas en la tecnología a ayudarnos a que esto tome forma porque estamos sólo en la punta del iceberg", dijo.
Indicó que de momento el código fuente de su invento no está disponible, pero animó a los creadores de aplicaciones a presentar y explotar patentes que puedan ayudar a desarrollar y extender el campo de acción de su invento. EFE



Campus Party exhibe la innovación colombiana




Elisa Barragán Méndez y Luciano Figari

Expertos y aprendices se reúnen en torno a las distintas facetas de la tecnología, desde las más básicas, como los editores de texto, hasta los últimos avances en robótica, en la IV edición de la Campus Party colombiana, de Bogotá, en la que incluso se pueden ver computadoras con forma de pecera.
El núcleo duro de los asistentes, encarnado en los 4.500 campuseros que pasan día y noche en el recinto de Corferias, enardece con el "overclocking", una técnica que modifica los parámetros de las computadoras para aumentar su rendimiento y velocidad.
"Tenemos un poquito de nitrógeno, que usamos para una refrigeración extrema con el fin de alcanzar mayores velocidades", explicó a Efe Juan Sebastián Campos, fundador de Overclock Nation, organización que pretende agrupar a colombianos entusiastas de la modalidad para competir internacionalmente.
Sin embargo, es la disciplina del "modding" -cambiar la estética de las computadoras- la que se ha convertido en todo un clásico del evento, que cierra sus puertas este 3 de julio y donde los asistentes alardean de equipos con apariencia que van desde extraterrestres, pasando por cajas militares hasta inodoros.
Freddy Andrés Sánchez, aprendiz del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) de Santander (noreste), enseñó orgulloso a Efe una computadora con forma de acuario, en la que peces de colores nadan a sus anchas.
"Tomamos como principio la aplicación de la tecnología en la vida, por eso escogimos la naturaleza, que es vida", apuntó.
Y los campuseros apenas duermen. "Siempre estamos despiertos, siempre hay gente y no se duerme, se toma Red Bull, no se come -bromeó-, pero sí se juega, bailamos, jugamos fútbol, vemos películas", indicó Edwin Hurtado, estudiante de ingeniería electrónica.
"El que duerme pierde", aseveró, mientras intentaba programar la distribución más pequeña posible para el sistema operativo Linux, uno de los retos que la organización plantea a los campuseros.
La actitud de Hurtado no es extraña, ya que los asistentes disfrutan de tecnología de última generación, como el protocolo IP versión 6 (IPv6).
"Ahora mismo se sigue usando la versión 4, que es la que tenemos desde hace unos treinta años, y ya se acabaron las direcciones IP (Protocolo de Internet) -números que identifica a los computadores en la red-", señaló a Efe el director de innovación de la Campus Party, Polkan García.
Esta nueva versión del protocolo permitirá crear direcciones IP durante los próximos 480 años, además de una conexión más segura para los usuarios ya que "todo el tráfico va cifrado", especificó García.
La robótica es otro de los temas centrales de la feria, que reúne a personas de todo el país en concursos de diferentes categorías sobre el tema.
Es el caso del instructor del SENA de Boyacá (centro) Daniel Espitia quien, junto a dos alumnos, diseñó un modelo para mejorar la calidad de vida de discapacitados sin movilidad en las extremidades inferiores y superiores permitiéndoles controlarlo con el movimiento de la cabeza.
"De esa forma, las personas pueden navegar por un entorno sin necesidad de desplazarse, además cuando llegan adonde hay una persona pueden hablarle porque hay una conexión inalámbrica de voz", explicó.
Pero las personas sin grandes nociones sobre tecnología también encuentran su lugar en la Campus Party. El programa Inclusión Digital enseña nociones básicas a quienes no tienen ningún conocimiento informático, ya sean niños o ancianos.
"Busca disminuir la brecha digital que hay en Bogotá a través de tutoriales con instructores capacitados", indicó a Efe Diana Yale, una de las coordinadoras del proyecto.
Campus Party nació en 1997 en Málaga, España, gracias a un grupo de amigos que quisieron reunir bajo un mismo techo a una comunidad de jugadores. El evento se internacionalizó hasta llegar a Grecia, Brasil, Colombia y México. EFE